Sobre

Raúl Antonio Gálvez, creador del Método NEXOMIA™

El 14 de mayo de 2022 caí por un barranco de noventa metros en la Sierra de Guara. A los treinta metros, un arbusto detuvo la caída. Dos metros más a un lado y no estaría escribiendo esto. Me rompí la tibia, el peroné y los dos tobillos, y lo que parecía una recuperación normal se convirtió en una guerra de seis meses contra una bacteria hospitalaria que impedía que el hueso volviera a soldar. Terminé con nueve barras de titanio atravesándome la pierna de lado a lado y la noticia de que quizá nunca volvería a caminar como antes. Pasaron cuatro años de recuperación hasta que por fin pude dar mis primeros pasos sin muletas.

Hasta ese día mi identidad estaba hecha de montaña. Espeleología, barrancos, acroyoga, cuevas, cumbres. Todo eso desapareció en un segundo, y con ello desapareció también la idea de quién era yo. Pasé meses en una cama de hospital orinando en un bote de plástico, y más de un año sentado en los bancos de un parque de Málaga, incapaz de caminar más de unos minutos. Ahí aprendí algo que ninguna montaña me había enseñado, que a veces no hay heroicidad en resistir, que la única salida real es rendirse a lo que está ocurriendo y dejar que el cuerpo y la mente encuentren, sin prisa, una forma nueva de sostenerse.

Llevo veinte años practicando meditación y respiración, y fue ese entrenamiento el que me sirvió de verdad cuando llegó el momento de usarlo, no en un retiro tranquilo, sino tirado en una camilla con hierros dentro de la pierna. Me formé en programación neurolingüística y coaching mientras me recuperaba, porque necesitaba entender con precisión qué le había pasado a mi mente cuando el cuerpo se rompió, y descubrí que ese colapso no fue solo una tragedia. Fue también el espacio donde una identidad vieja, agotada, dejó de sostenerse, y donde empezó a construirse otra, más honesta, desde el suelo hacia arriba.

De ahí nace el Método NEXOMIA™. No es una teoría que diseñé en un despacho. Es la sistematización de lo que tuve que aprender a la fuerza, cómo se desmonta una identidad que ya no te sirve, cómo se reprograma el sistema nervioso cuando el mundo que conocías ya no existe, y cómo se construye, paso a paso, una forma de estar en la vida que no depende de que todo salga bien. Uso las mismas herramientas que me devolvieron a mí mismo, coaching, PNL, tapping, respiración, visualización, tambor chamánico y terapia de sonido, y las aplico con quien está atravesando su propio barranco, sea cual sea su forma.

Hoy vivo en Torremolinos, cerca del mar, y sigo aprendiendo cada día algo que antes del accidente no sabía, que la vida no espera a que estés listo para cambiar de rumbo. Simplemente lo hace, contigo o sin ti, y lo único que puedes decidir es si te reprogramas o te quedas atrapado en el bucle de quien ya no eres. Yo elegí lo primero, y esto es lo que ofrezco a quien decide hacer lo mismo.

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